miércoles, 14 de abril de 2010

Esa espera de luces tibias,
negras,

el odio de los soles,
la arrogancia de los soles,
la circunferencia de los soles,

el concepto de infinito,
muerto,
en la tempestad de las palabras,

esa espera es la hemorragia de una sombra desgastada,
fría,
impotente,
sin manos para acariciar las rodillas
sin voces para proyectar el encanto
sin palabras para decir lo que se esconde
en el lenguaje del silencio

sábado, 27 de febrero de 2010

Aíslame
rompiendo los lazos de la diplomacia,
impide que llore locamente
en tus delgadas pezuñas hirientes
la gravedad de mis soles.

sábado, 13 de febrero de 2010

me duele la inteligencia
en la boca de los otros
con forma de presunción

como una espada
o un ritual escandaloso
que me hace la corte
pero margina

como si yo fuera una simple espectadora
de la mente del mundo
como si el mundo fuera un simple espectador
de la mente del yo

una palabra antisocial
un gesto antisocial
una autoridad antisocial.
yo. yo. yo.

viernes, 1 de enero de 2010

...la náusea de sentir que se aproxima
cuando hallábase huyendo...
Decís una palabra
pero describís el mundo
como si un ángel
o una alucinación
cayeran desde lo ajeno

el espectro reticular
pero concluyente
reacciona
o vuelve a accionar
la malsana elocuencia

y te abrís
a la hemorragia gramatical
para seducirme
para ultrajarme
con el verbo que no puedo
y el fonema que me falta

hágase la magia para la mortal insurrecta
que inmediato volverá a florecer la noche

sábado, 19 de diciembre de 2009

la rima de la noche disipada
acaba en la letanía de los sueños incompetentes
moribunda
se llena de prosa
y se vacía de soledad
para clavarse más adentro algún recuerdo

la rima no es la noche
pero la noche es la rima sincrónicamente disipada
por algún nuevo animal estrafalario,
un ave de las de entonces
que aprendió a volar ahora en silencio

ya no cantan los pájaros al amanecer
y eso era para la rima la soledad

jueves, 26 de noviembre de 2009

yo puedo decirle no
a tu megalomanía
y puedo / y quiero
abrazar la insolencia descifrada
anhelo justificar la calma
de los ríos adventicios
cuya potencia,
cuya engreída potencia
me conmueve.

estabas tan entusiasmado
buscando la contradicción
que –al menos–
te pareció devastadora mi soberbia.