en el lugar
donde cabe la palabra
que no puedo decir,
mi voracidad animal
revestida del sabor de la miel,
es decir,
mi cuerpo verborrágico,
se expresa
así,
en el ritual mudo
puedo oír la palabra inefable,
y estar toda entregada,
y ser toda ofrenda
"...esta mañana, a las ocho y cuarto, cuando salí del hotel Printania para ir a la biblioteca, quise levantar un papel que había en el suelo y no pude. eso es todo, y ni siquiera es un acontecimiento. sí, pero para decir toda la verdad, me impresionó profundamente: pensé que ya no era libre... "
lunes, 7 de febrero de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
Para todo lo que no hay
para todo lo que no habita
un río insatisfecho de aguas danzantes
y diacrónicas
una lógica retrógrada
un ausencia retrógrada
una sola soledad
una herida hiriente
una palabra que dice
lo que no significa
Caótica Gisela,
esa manía de vivir...
esa constancia de hacer vivir
lo que no hay
lo que no habita.
para todo lo que no habita
un río insatisfecho de aguas danzantes
y diacrónicas
una lógica retrógrada
un ausencia retrógrada
una sola soledad
una herida hiriente
una palabra que dice
lo que no significa
Caótica Gisela,
esa manía de vivir...
esa constancia de hacer vivir
lo que no hay
lo que no habita.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Tuve que resignar la razón para dar paso a la cópula.
Es así, querido amigo, como nosotros (post-modernos, post-adámicos y post-orgásmicos) retomamos a Kant.
La virtud de la mujer es ser como la loba, como la perra. ¿El hombre tiene virtud? (no se enoje caballero, sus pares me han hecho así, machista). Entonces resulta que después de mí, Tracy Lords hace el amor con el silencio y yo hago sexo y ruido. Pero el visitante, el extranjero, se come todas mis delicias, se traga todo mi punk-rock y se va a casa saciado, y luego pide más, pero no da nada.
Es así que me volví pelotuda y fácil, cien por ciento depilada, buscando el cambio. Pero el cambio no modifica. Sigo sintiendo la soledad aunque tenga la vagina más dilatada, claro, e incluso después de haber bebido tantos té de espermatozoide (mi té favorito). Después de todo, la soledad coge mejor. Sí, sí. Mejor que aquel cerdo que me decía: “sos anormal, no querés un orgasmo”, es decir, aquel cerdo que razonaba del modo “no comprendo; luego, ustedes son los idiotas”, es decir aquel cerdo que no podía darme con la pija lo que pretendía saciar con las manos, etcétera.
¡Tanta vida, señor!, ¿para qué tanta vida?. Para coger, Alejandra. Y entonces, la muchacha que antaño hallaba la máscara del infinito, se pone la líbido entre los labios y supura y depura en la única libertad libre, la que le es permitida. Coger y comprar no se reprime, no se sanciona. Y luego, soy una mujer que lleva detrás de sí el caudaloso río de la lujuria. ¡Tanta pija, señor!, ¿para qué tanta pija?.
Es así, querido amigo, como nosotros (post-modernos, post-adámicos y post-orgásmicos) retomamos a Kant.
La virtud de la mujer es ser como la loba, como la perra. ¿El hombre tiene virtud? (no se enoje caballero, sus pares me han hecho así, machista). Entonces resulta que después de mí, Tracy Lords hace el amor con el silencio y yo hago sexo y ruido. Pero el visitante, el extranjero, se come todas mis delicias, se traga todo mi punk-rock y se va a casa saciado, y luego pide más, pero no da nada.
Es así que me volví pelotuda y fácil, cien por ciento depilada, buscando el cambio. Pero el cambio no modifica. Sigo sintiendo la soledad aunque tenga la vagina más dilatada, claro, e incluso después de haber bebido tantos té de espermatozoide (mi té favorito). Después de todo, la soledad coge mejor. Sí, sí. Mejor que aquel cerdo que me decía: “sos anormal, no querés un orgasmo”, es decir, aquel cerdo que razonaba del modo “no comprendo; luego, ustedes son los idiotas”, es decir aquel cerdo que no podía darme con la pija lo que pretendía saciar con las manos, etcétera.
¡Tanta vida, señor!, ¿para qué tanta vida?. Para coger, Alejandra. Y entonces, la muchacha que antaño hallaba la máscara del infinito, se pone la líbido entre los labios y supura y depura en la única libertad libre, la que le es permitida. Coger y comprar no se reprime, no se sanciona. Y luego, soy una mujer que lleva detrás de sí el caudaloso río de la lujuria. ¡Tanta pija, señor!, ¿para qué tanta pija?.
sábado, 30 de octubre de 2010
lunes, 18 de octubre de 2010
La muchacha y las sombras
Esa muchacha devuelta de sombras
señalada por las sombras
ensimismada entre las palabras y los espejos
esa muchacha tiene la herida más monumental
la más olímpica
la más desgarradora de todas las noches
y es el instante que olvida
y que vuelve
a la matriz progenitora,
a ese hombre que fue en su vida
su vida.
señalada por las sombras
ensimismada entre las palabras y los espejos
esa muchacha tiene la herida más monumental
la más olímpica
la más desgarradora de todas las noches
y es el instante que olvida
y que vuelve
a la matriz progenitora,
a ese hombre que fue en su vida
su vida.
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