martes, 5 de agosto de 2008

Solipsismo

Te
voy
a arrastrar
de ese aposento
esclavista
al más vil
de mis deseos

sucumbe en mi obscenidad
tu credo religioso
y el nombre de una mujer

mueve tu hastío
en mi centro
mi redondez
el obsequio de tus dioses

y flamea
llamea
extirpa mis delicias

arrastrado
acabado de mí

lunes, 28 de julio de 2008

La disyunción

Rencor
o remordimiento.
El alba clavada en mis ojos,
se predica el ser elemental
poblado de falencias
de retrógrados
de bicéfalos,

así, él, abraza la aporía
y lo oneroso de sus palabras
me atrae al silencio.

Entonces
si hace ruido
se lo come la noche.

sábado, 26 de julio de 2008

Asolada

¿Quieres dejar que la noche
se devore la poesía?

Entonces
su rostro se llenó de versos
y el alarido era el matiz
que deslumbraba la rima

como asolada
volvió su discurso al metro
y se llenó de soledad.

martes, 22 de julio de 2008

El peso

De repente
el mundo
silenció la poesía.
M, fallecido.
Entonces
parecía llamarme su voz
y su destino grisáceo
se fundía con el aire.
Tan sólo era el recuerdo
tan sólo era reivindicable
en la memoria,
persistía
como la lluvia
que juega
a no agotarse hasta el alba.
Y dos
volvió
a ser
uno.

jueves, 10 de julio de 2008

Intemperie

Decrecen las palabras
y el silencio hegemoniza la ciudad mezquina.
Tu rostro se escinde,
te agrava la ausencia.
El dios de los rebeldes sale a masticar
y el sol se suicida.
Plenitud de abandono.
Infinidad de abandono.
El llamado a la existencia más sagrada;
sentencia de soledades por doquier
arrasan
sobre los espacios de la densidad.
No es sólo un juego de palabras:
es un ritual al lenguaje.
La sombra de tu ausencia,
la sombra de tu nombre,
la sombra de la sombra que sos.
Como espinas
tus designios desgarran
mi monumental intemperie.
Y el verso te pronuncia
–delirante deliberación–
elegido.
Ahora sos el poema que no se escribe
tiritando.
Ahora sos el pájaro vanidoso que no seduce
en su nido.
Ahora sos la ausencia de una presencia
irremediablemente desgastada.
Y el suicidio.
Y la libertad.

miércoles, 30 de abril de 2008

La verdad manchada

¿Adónde irán los deseos del mezquino?
¿Y cómo jugará la partida, cuando mi cama,
escueta de placer, haya enunciado el silencio?
Una espera que se dice y no se nombra.
Pusilánime esfuerzo por saberlo amado.

Se vuelve contra mí lo libertino;
no concierne el peso a la brevedad del acontecer,
sensata, muchedumbre organizada en unidad.
Flaquean tu amor y el mío,
cuando callan las palabras que no asienten sombra.

Errante andarás, y lo presiento.
El fuego que se admite lleva dentro
un halo de inmensidad y redundancia,
un deseo sin copular y una abundancia
de azares convertidos en destino.

Sentencia inmaculada; lo divino
se esconde en lo prosaico de lo abyecto.

miércoles, 23 de abril de 2008

Cínico

Otra sentencia de impunidad. Otra teoría.
Un desplegar alado cierto amanecer.
Conducirse ciego entre la frialdad de las miradas.
No siendo mucho más que la mera existencia.

El peso de la levedad manifiesta el vacío.
Errante en el camino de las sombras,
dibuja sin color lo que se logra;
riendo insatisfecho, pueril destino.

Y la noche gobernando otras plegarias,
sagaz, intrépida y tímida, siempre a punto de perecer
se nombra deleitosa en la fachada juvenil,
se muestra irreverente tras la escena de placer.

Otra vez elegir fue burlarse de la realidad
para esconderse legítimamente en el lenguaje.