No me explico las palabras que no saben significar el sentimiento. Que lo generalizan, que lo callan, que lo mienten.
Palabras que se dicen sin revolución, son palabras muertas.
He aprendido a callarme las mentiras e idealizar la verdad.
Todos estamos muertos. Sólo sentimos la piel, la esfera.
Ya no puedo gobernar mi mente, que busca sangrar y redimir. Se victimiza ante mí; me miente. No puedo caminar desnuda sin conocer mi verdad que resplandece en el engaño.
Aprendí a creerme sabiendo que es improbable. Aprendí a vivir de mi reflejo.
Quiero esa revolución fuera de mi cama. Quiero saber que esos ojos no me mienten; que no estoy sola, que no voy a estarlo…
"...esta mañana, a las ocho y cuarto, cuando salí del hotel Printania para ir a la biblioteca, quise levantar un papel que había en el suelo y no pude. eso es todo, y ni siquiera es un acontecimiento. sí, pero para decir toda la verdad, me impresionó profundamente: pensé que ya no era libre... "
jueves, 16 de agosto de 2007
Es nada
Nada, ni siquiera la representación del vacío. Nada.
Nada como tus palabras hoy, como tu imprescindible silencio.
Nada como el sentimiento que no existe, pero se inventa.
Nada como la mentira que me lleva a quedarme esta noche a tu lado.
Nada de mí, nada de vos.
Estamos inmersos en las aguas turbias de la nada. No hay nada.
Nada. Ni una mirada complaciente, ni un gesto insospechable.
Nada que florezca entre las manos o entre las piernas.
Nada que nos una. Nada. Sólo el impacto de haber sido “nosotros”,
en relámpago de antaño.
Nada como tus palabras hoy, como tu imprescindible silencio.
Nada como el sentimiento que no existe, pero se inventa.
Nada como la mentira que me lleva a quedarme esta noche a tu lado.
Nada de mí, nada de vos.
Estamos inmersos en las aguas turbias de la nada. No hay nada.
Nada. Ni una mirada complaciente, ni un gesto insospechable.
Nada que florezca entre las manos o entre las piernas.
Nada que nos una. Nada. Sólo el impacto de haber sido “nosotros”,
en relámpago de antaño.
lunes, 13 de agosto de 2007
Sos sin ser y sin haber sido...
Y llegó un día mezclado de palabras determinantes y de corto vuelo. La sombra del ayer, y el hoy es insensato. Macabra minoría, extraña sensación de haber sido todas sin haber sido ninguna. Tormenta de palabras, torbellino; tal vez quiero decirte todo lo que callé la última tarde que nos vio juntos.
Estamos armados de una endeble artillería; una guerra precaria de mí hacia mí. Porque el dolor es mío. La incertidumbre es mía. La nada es mía. El odio es mío.
No haber reparado en lo que no quería, para dejarlo ser. Orgullo hoy. Inestabilidad. Pero no llego a vos porque no puedo. Excede al sentimiento; excede a la razón. Mis mujeres y yo estamos gobernadas, sometidas a la soledad. Y estamos encantadas, ¡encantadas!.
Estamos armados de una endeble artillería; una guerra precaria de mí hacia mí. Porque el dolor es mío. La incertidumbre es mía. La nada es mía. El odio es mío.
No haber reparado en lo que no quería, para dejarlo ser. Orgullo hoy. Inestabilidad. Pero no llego a vos porque no puedo. Excede al sentimiento; excede a la razón. Mis mujeres y yo estamos gobernadas, sometidas a la soledad. Y estamos encantadas, ¡encantadas!.
jueves, 9 de agosto de 2007
Silencio
Él ausente. Siempre ausente.
Su silencio era real; mi silencio ficticio.
Yo forzaba mi silencio, reprimía palabras sin sentido.
Él, sin embargo, me observaba, sin duda, pero sin necesidad alguna de emprender un diálogo que se tornaría molesto con el transcurso de los minutos.
Yo reprimía; él no forzaba.
Me vi enredada en el pensamiento que ya se volvía obsesivo de provocar una estúpida charla. Pero carecía de imaginación para reinventar un diálogo entre dos personas que se odian mutuamente.
Hablaré. Sí, hablaré. Un saludo y la pregunta clásica. Tal vez él carezca de imaginación para soslayar mis palabras. Entonces hablará. No habla. Está mudo. Me iré. Tengo que irme. Me avergüenza este silencio; su silencio. Y haber dicho… No debería haber dicho nada. Me iré. Tomaré mis cosas y planearé la huída. Articula. Parece que hablará; sí, hablará. Habla. Saluda, responde y pregunta. Respondo. El diálogo parece terminar. Sí, ha terminado. Mi inquietud alcanza la tranquilidad. Ahora volvemos al silencio. Pero ya no es un silencio forzado ni reprimido. Es el silencio que toma su curso habitual. Este silencio me gusta. Sí, me gusta.
Su silencio era real; mi silencio ficticio.
Yo forzaba mi silencio, reprimía palabras sin sentido.
Él, sin embargo, me observaba, sin duda, pero sin necesidad alguna de emprender un diálogo que se tornaría molesto con el transcurso de los minutos.
Yo reprimía; él no forzaba.
Me vi enredada en el pensamiento que ya se volvía obsesivo de provocar una estúpida charla. Pero carecía de imaginación para reinventar un diálogo entre dos personas que se odian mutuamente.
Hablaré. Sí, hablaré. Un saludo y la pregunta clásica. Tal vez él carezca de imaginación para soslayar mis palabras. Entonces hablará. No habla. Está mudo. Me iré. Tengo que irme. Me avergüenza este silencio; su silencio. Y haber dicho… No debería haber dicho nada. Me iré. Tomaré mis cosas y planearé la huída. Articula. Parece que hablará; sí, hablará. Habla. Saluda, responde y pregunta. Respondo. El diálogo parece terminar. Sí, ha terminado. Mi inquietud alcanza la tranquilidad. Ahora volvemos al silencio. Pero ya no es un silencio forzado ni reprimido. Es el silencio que toma su curso habitual. Este silencio me gusta. Sí, me gusta.
miércoles, 8 de agosto de 2007
café
de un lado la luz aclara.
del otro oscurece.
entre palabras socialistas, claroscuro.
todavía tengo miedo.
miedo a que la revolución perezca en nuestras bocas.
miedo a la espada y al imperio de la cruz.
miedo a nosotros, que estábamos tan entusiasmados
creyéndonos revolucionarios
en el café situado frente a la facultad.
del otro oscurece.
entre palabras socialistas, claroscuro.
todavía tengo miedo.
miedo a que la revolución perezca en nuestras bocas.
miedo a la espada y al imperio de la cruz.
miedo a nosotros, que estábamos tan entusiasmados
creyéndonos revolucionarios
en el café situado frente a la facultad.
lunes, 6 de agosto de 2007
amantes
él reposa sobre mis manos
su piel plana, ideas envueltas de mucho.
está asombrado! jamás creyó en la
posibilidad de nuestro encuentro.
parece sonreírme, sí, puedo verlo,
le hacen feliz mis ojos en él.
caricias y parpadeos.
sentada frente a frente,
dispuesta a enamorarme sabiendo de su fugacidad.
sabiendo, también, la imposibilidad de este romance.
su piel plana, ideas envueltas de mucho.
está asombrado! jamás creyó en la
posibilidad de nuestro encuentro.
parece sonreírme, sí, puedo verlo,
le hacen feliz mis ojos en él.
caricias y parpadeos.
sentada frente a frente,
dispuesta a enamorarme sabiendo de su fugacidad.
sabiendo, también, la imposibilidad de este romance.
miércoles, 1 de agosto de 2007
Pusilánime
Quién despertará aquí, ahora, ese beso somnoliente, ese sexo dormido. Puedo ser fuerte… si apresuras, engañosa… si determinas, egoísta… si sometes. Y maldecir al día, en la noche, y censurar la tarde en que yacía mi cuerpo adormecido entre sus brazos. Brazos de quién sabe bien qué hombre, tal vez honesto, supremacía endeble o agobiado, tal vez avaro o resplandeciente. Sólo un zumbido…
Bastaría una palabra sin sentido, o una tormenta calumniada, el sol que es fuego enceguecido… ¡qué sé yo qué bastara para que el silencio me hable! Y la primera noche de quietud se haga ruido, y se haga enferma. Enferma como las mentiras que construimos para engañarnos a conciencia y asentimiento.
Dejaré una vez más que las lágrimas se aproximen a nuestro estuario. Y llevaré allí los recuerdos que me dominan. Y dejaré tu perfume, tan cruel; tu piel mezquina; dejaré que haya nada entre nosotros, y que lastime; que no corran palabras, ni que suspires, en derredor confuso y obsoleto.
Bastaría una palabra sin sentido, o una tormenta calumniada, el sol que es fuego enceguecido… ¡qué sé yo qué bastara para que el silencio me hable! Y la primera noche de quietud se haga ruido, y se haga enferma. Enferma como las mentiras que construimos para engañarnos a conciencia y asentimiento.
Dejaré una vez más que las lágrimas se aproximen a nuestro estuario. Y llevaré allí los recuerdos que me dominan. Y dejaré tu perfume, tan cruel; tu piel mezquina; dejaré que haya nada entre nosotros, y que lastime; que no corran palabras, ni que suspires, en derredor confuso y obsoleto.
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